martes, 2 de octubre de 2012

  Q PIENSA SOCRATES DEL HOMBRE:
Posted in Personajes by Alguien on 6 febrero 2008
Era un hombrecillo de aspecto cómico: la cabeza calva, en cúpula, como un ábside; la cara muy pequeña en comparación; la nariz redonda y respingada y las barbas undosas que, por algún extraño efecto no parecían pertenecer a semejante rostro. Su fealdad era objeto de frecuentes bromas entre sus amigos, y él mismo cooperaba en el regocijo general. Fue pobre y algo haragán. Su profesión era la de cantero, pero no trabajaba más de lo estrictamente necesario para sustentar a su mujer y a sus tres hijos. Su afición favorita consistía en charlar con la gente. Y dado que su esposa era una mujer siempre descontenta, con una lengua peor que el látigo de un carretero, el mayor placer del mundo para este hombre consistía en verse lejos del hogar.
Se levantaba al amanecer, tomaba a toda prisa un ligero desayuno de pan mojado en vino, se ponía su túnica que luego cubría con un manto de tela burda y partía a cualquier sitio donde pudiera conversar y discutir con sus conciudadanos. Nunca le faltaba ocasión para satisfacer su deseo, pues los habitantes de la ciudad donde vivía adoraban la discusión. La ciudad era Atenas, y el hombre de quien hablamos, Sócrates.
Sócrates no solo tenía un rostro divertido, sus ideas y su comportamiento también lo eran. Cierta vez, uno de sus amigos preguntó al oráculo de Delfos quién era el hombre más sabio de Atenas. Para asombro de todos, la sacerdotisa dio el nombre de Sócrates.
“El oráculo -comentó Sócrates después -me ha escogido a mí como el más sabio entre todos los atenienses, porque yo soy el único que sabe que no sé nada.”
Esta actitud de maliciosa socarronería y equívoca humildad le daba tremendas ventajas en las discusiones. Le hacía, en realidad, ser una persona cargante. Aparentaba no saber ninguna respuesta y acosaba a sus interlocutores con preguntas, como un fiscal en un juicio, llevándoles a inesperadas y asombrosas admisiones.

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