miércoles, 12 de septiembre de 2012

 EL ORIGEN DE LA MATERIA:
 Newton explicaba porqué la manzana caía al suelo, el «bosón de Higgs» revelaría que, si la pieza de fruta cae, se debe a que es materia dotada de masa.  Porque sin masa, no habría ni gravedad. Y sin gravedad, no habría universo. Y sin universo...

Baste el ejemplo para tratar de ilustrar el gozo, la euforia, que embarga a la comunidad científica en pleno. No en vano, han terminado 40 años de «acoso» a la «partícula divina», bautizada así  –para quebradero de cabeza de algún físico– por el Nobel Leon Lederman. Afortunadamente para él, su editor le «obligó» a cambiar el nombre de su libro, que pasó a llamarse «La partícula maldita», mucho más comercial  «La partícula de Dios». Y aunque su existencia se daba por hecha en teoría –figuraba  en el modelo estándar, el conjunto de reglas matemáticas que describen cómo las partículas en el universo interactúan entre sí–, no ocurría así en la práctica.
Hasta ayer. Tras un esperanzador avance anunciado el pasado mes de diciembre, la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), con sede en Ginebra, anunció ayer un hito «histórico»: con más de un 99% de probabilidades y una posibilidad de error de 5 sigmas –una entre tres millones–, los choques de protones generados en los experimentos CMS y ATLAS del Gran Acelerador de Hadrones (LHC) han dado como resultado el hallazgo de una partícula que coincide con el bosón, de un rango de masas de entre 125 y 126 GeV (gigaelectronvoltios). Es decir, que si no es el bosón, sí que estamos ante una nueva partícula clave para entender el origen de la materia.

«Se abre el camino para estudios más detallados, se requieren mayores estadísticas para escudriñar las propiedades de esta nueva partícula. Pero es probable que haga luz sobre otros misterios del Universo», afirmaba ayer Rolf Hauer, director general del CERN, que adelantó que el funcionamiento del LHC se prolongará durante tres meses más con el fin de recoger más datos. Cauto pero sin esconder su satisfacción, Hauer admitió que la comunidad científica «se siente orgullosa y feliz», pues estamos ante un «avance fenomenal en nuestra comprensión de la naturaleza».  

Los científicos españoles también están de enhorabuena: el Instituto de Física de Altas Energías de Cataluña (IFAE), el Instituto de Física Corpuscular (IFIC) de Valencia y la Universidad Autónoma de Madrid han colaborado activamente con el experimento ATLAS; mientras el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), el Centro Nacional de Fïsica de Partículas (CPAN) el Instituto de Física de Cantabria (IFCA) y la Universidad de Oviedo han colaborado en el experimento CMS.

«Si no es Higgs, es algo muy parecido», reconocía ayer Marcos Cerrada, del Ciemat, en un encuentro celebrado por su organización para informar sobre el hallazgo «Ahora hay que descubrir si se trata del bosón o algo más exótico y complicado», añadió. Y es que se ha descartado uno de los grandes temores: «Que no hubiera nada» que explicara la masa de las partículas. «Se trata del avance científico más importante que he visto a lo largo de mi carrera. Es algo nuevo y vamos a aprender de ello», aseguraba Antonio Pich, del CPAN.

Con todo, ¿afectará la crisis a la aportación española al CERN? «Todos los países miembros están haciendo esfuerzos. Y España va a seguir haciéndolo», aseguró Carlos Pajares, catedrático de Física de la Universidad de Santiago de Compostela. 

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